24 abril 2014

CON EL "A DE PLATA" EN EL BOLSILLO. 42- “Mis” dos Harley-Davidson. 1ª: “una del 74”

Miré un día la fecha del carnet de conducir, y me di cuenta que hace más de veinticinco años que aprobé el permiso importante, "el de moto", el A (en aquella época, A2). Así que me he propuesto daros un poco la brasa y contaros manías y anécdotas que me han ocurrido durante este tiempo. ¿Hasta cuando?... no lo sé, según me vaya acordando (algo difícil con este cerebro cada día más reblandecido que tengo)... o cuando digáis basta...

42“Mis” dos Harley-Davidson. 1ª: “una del 74”

Nooo… no te asustes. No he tenido nunca una H-D, ni una Custom en general tampoco. Pero aparte de una Morini Excalibur 500, una Suzuki Intruder 250, una Suzuki Savage 650, alguna Yamaha SR 250 Special y dos Virago (250 y 535) sí he probado dos Harley-Davidson. Y así como en las primeras todas eran de baja cilindrada y bastante “vulgares” (sin apenas modificaciones), las americanas eran auténticas “cerdas” de muchas pulgadas cúbicas y, no podía ser de otro modo, muy preparadas.



No, no era esta (creo)... pero es "por el estilo":
frenos de tambor, escapes abiertos, asiento mínimo...
Eso sí, no tenía tan buena pinta.
La primera fue de pura casualidad. Trabajaba en Sevilla a principio de los 90 y rodando con mi Yamaha TDM 850 vi parados en la cuneta a dos pintas al más puro estilo Hell Angels: motos viejas y destartaladas, cuero y vaqueros, cascos minúsculos y algún tatuaje (normal hoy en día, llamativo hace veinte años). Una de las cerdas, la más antigua –del año 74, lo único que averigüé- se había parado por algún tipo de problema de alimentación (no me enteraba muy bien qué pasaba, eran “guiris” de Centroeuropa). Así que los acompañé al sitio que sabía que mejor les iban a solucionar el problema: a un taller de tractores. Y no, ni me equivoqué ni se ofendieron, el mecánico, un señor mayor con cara de haber arreglado peores hierros que ese, le tocó la junta de la trócola (que con lo moderno que era el motor tenía seguro) y en un momento el V-2 estaba bramando de nuevo como sólo ellos saben hacer. 

Total, que unas cervezas para celebrarlo (sí, no tuvieron recato a beber con un pijo en japonesa) y al salir el de la “74” me dice con gestos que si quiero probarla. Debía de tener truco, porque el colega tenía cara de “se va a enterar”, pero a mí estos retos me van, así que me arrimé a ella y saqué del lateral la palanca de arranque… sí amigo sí, palanca, nada de botoncito. La verdad es que ver que llevaba un auténtico y genuino pedal de bicicleta no me daba buenas vibraciones, pero como ya os he contado en otra ocasión, a mí eso del arranque animal me pone… y a la
segunda estaba la cerda vibrando y tosiendo con un ralentí bajo y petardeante.

No creáis que la prueba estaba acabada… ni mucho menos. Tiro a colocar mis posaderas y allá abajo, apoyado sin miedo directamente en el chasis, una especie de pieza de plástico, que me recordó inmediatamente a  los kart de mi juventud, simulaba ser un asiento. ¿Y el menda éste se ha hecho mil kms. sentado ahí? Además el chasis era un auténtico hard-tail sin suspensión trasera, por lo que podéis imaginar que, quitando la colaboración del neumático, el resto de cualquier mínimo bache iba directamente a recorrer tu espalda de abajo hasta bien arriba ¡¡¡sí que era duro el melenudo!!!


¿Podría haber sido una FX 1200 “Boat Tail” muy
modificada?: 1207cc, frenos de tambor, suspensión
trasera mínima... sólo falla el año (1970-1972)
Bueno, ya estaba sentado casi a la altura del eje del basculante (bajo mis finos pantalones de verano notaba que mis “partes” recibían todo el calor del contiguo cilindro trasero y su escape), con los manillares anchos y altos y las estriberas “allá a lo lejos”. Yo me preocupaba por la –falta de- suspensión trasera, las geometrías “auténtikas” o los frenos de tambor simple-leva, pero aún tenía que pasar otra prueba: la palanca de cambios era convencional, nada de punta-tacón, y un rápido vistazo a la muy destrozada bota izquierda del propietario me dejó a las claras que el cambio era para hombres… y yo llevaba zapatos finos veraniegos. Al ir a meter primera lanzo mi pie hacia la palanca …grrrr, grrr… y la marcha no entra. Otra vez …grrr, grrr… más ruido de piñones intentando ajustar pero nada. ¡¡Joder, con dos OOes!! Patada a lo bestia y entra primera… con signo de aprobación del dueño. Quito el motor del “régimen de toser” y suelto embrague ¡adelante!. Al llevar sólo cuatro marchas –o esas eran las únicas que entraban- el desarrollo era largo, y estiré bien la primera con una considerable aceleración. Después de dos intentos casi me disloco el dedo gordo del pie izquierdo para meter segunda, pero la tercera entraba fina… curioso. 

Total que di una pequeña aceleración por una autovía cercana a Mairena, y poco más. Ni se me ocurrió acercarme a algo que pareciera una curva con más de 15º de giro :-D. Me gustó el bramido y tosquedad del V-2 (¿1000, 1200cc?), me gustó su tacto directo y el sonido de su carburador con apenas una rejilla para filtrar la absorción de aire. Pero el resto… lo mejor fue no haber intentado absolutamente nada más que ir en recto… y salvar la piel.


Cuando nos despedimos cogí mi TDM y los vi con ganas de “hacer la prueba del kilómetro”. Así que nos dimos una buena picada que finalizó rápido: la vieja “del 74” no pudo seguir nuestra aceleración, la otra más moderna si iba más que mi Yamaha… hasta que la carretera giró ligeramente a la derecha (MUY ligeramente), lo vi cortar con un movimiento preocupante de su cerda, y yo aproveché para pasarle por el interior (prácticamente recto) mientras le hacía la V con la mano izquierda… Adiós adiós





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