¡Hola a todos!
Así, con la pregunta que aparece al inicio, han comenzado muchas conversaciones. A veces, estas charlas se quedan en el
equívoco y la posterior disculpa, (y vergüenza), del que ha formulado la pregunta.
En otras ocasiones, la coincidencia es real y da pie a mantener una conversación. Creo que es algo que a todos nos ha pasado
más de una vez.
Lo que
no es tan normal es cuando esa interrogación tiene un ligero matiz, como me pasó hace unos días. La pregunta en cuestión fue, “¡¡A esta moto la
conozco!! Se la compraste a Antonio, ¿verdad?”. Vale, el mundo es un pañuelo, ¿¿pero
tanto?? Esta anécdota me paso de la peor manera que te pueden pasar estas
cosas, saliendo del trabajo, después de un mal día por cierto, con pocas ganas
de charla y la concentración a niveles mínimos. Al abandonar el parking y
me paré en un semáforo. En esto que veo a un señor que sale corriendo detras mío y se pone
a revisar la moto como si fuese un comisario de verificaciones del Dakar y que
acto seguido, inspecciona la matricula para mayor desconcierto de un servidor.
En este momento, si no había metido primera y salido huyendo de tan pintoresco
personaje era por dos razones:
-a:
tenia un taxi delante que me bloqueaba cualquier maniobra evasiva.
-b: la
moto se me había calado y parecía que se resistía a arrancar.
Es entonces que me espeta la pregunta que titula la entrada, poniendo mucho
énfasis en el tal Antonio (todo esto, a modo de apunte, con el semáforo ya en verde y yo, ahora si,
sin posibilidad de escapatoria en tanto que la moto no quería ponerse en marcha).
No sé, pero siempre intento pasar desapercibido, por lo tanto,
tanta espontaneidad me resulta a priori un tanto molesta. Ojo, que al cabo de
unos segundos, (cuando mi mente pasa del modo “alerta” al modo “tranquilo, no hay
de que preocuparse”), ya dejo de pensar que se trata de un psicópata o de un choricillo
del montón que quiere jugar conmigo al despiste mientras otro caco compinchado,
me desvalija aprovechando mi sorpresa.
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| La moto objeto de la conversación, mi ya ex-Suzuki Freewind. |
Así
pues la conversación fue algo tal que así:
Hombrecillo: ¡¡A esta moto la conozco!! Se la compraste a Antonio, ¿verdad?
Yo: Pues,
esto... em..
H: Si
hombre, Antonio, que tiene un taller en la Calle xxxxx, esquina con la Avenida
xxxx.
Y: ¡¡Ah!! sssi..
si.. Pero no me acuerdo del nombre de ese señor.
H: Vaya..
¡¡El bueno de Antonio!! ¡¡No veas que recuerdos que me trae esta moto!! ¡¡Era MI MOTO!! Se la pasé a él para que me
la vendiera. Bueno, casi se la dí. ¡¡Y no
veas lo buen mecánico que es este Antonio!!
Y: ¿Ah
sí? Mira tu. La vida es un pañuelo.
H: Pues
sí... y mira que va bien la puñetera moto, ¿eh?
Y: Hombre,
es buena moto, pero ya tiene sus añitos y sus cosas...
H: Bueno,
sí.. si no hubiera sido por el golpe que me dieron igual la conservaría y todo...
(aquí se da cuenta de la cara de sorpresa