Un día me dió por mirar la fecha del carnet de conducir y me di cuenta que hace más -mucho más- de veinticinco años que aprobé el permiso importante, "el de moto", el A (en aquella época, A2). Así que me propuse dar un poco la brasa y contaros manías y anécdotas que me han ocurrido durante este tiempo. ¿Hasta cuando? No lo sé, según me vaya acordando (algo difícil con este cerebro cada día más reblandecido que tengo), según me vayan ocurriendo... o cuando digáis basta.
112- El día que, por apenas unas horas, no me vendieron una BMW...
A principios de este junio fui a uno de los concesionarios BMW Motorrad de mi Comunidad Autónoma (no voy a poner el nombre ni lugar para no crear problemas tontos... ni cerrar puertas) con idea de comprar una moto. Nueva. No, no 'la de todos', otra. Pero, de nuevo, de ese concesionario volví con las manos vacías, algo que ya me ocurrió hace años.
El primer caso: el casco
A finales de 2007 (joer, ya ha pasado tiempo) quise cambiar de casco. Como ya he contado, soy de los que tengo que llevar siempre los mismos colores, por lo que soy bastante pejiguera en cosas como forma (sin alerones o ventanas que le afecten) y colores (suelo buscar una base blanca con ventanas blancas). Estaba mirando marcas y modelos y me gustó un Givi X.01 que se acababa de presentar, con distintas tipos de frontales, pantallas y tomas de aire con los que transformarlo según el clima. Pero en la tienda con la que me relacionaba por entonces me explicaron que no iba a llegar en semanas, era un modelo recién presentado, además que tendría que ser gris.



