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19 marzo 2014

4.- La Sherpa 238, "Mon Amour"

Ha sido la moto con la que más he aprendido y disfrutado. Con la que más unido me he sentido, y no hablo sentimentalmente, sino de la unidad moto-piloto, esa simbiosis perfecta, ese conocimiento de las reacciones, ese dominio de casi cualquier situación.

Cuando la compró mi padre, la moto estaba original, con los guardabarros cromados, el depósito metálico, asiento 2 plazas... preciosa. Pero a los pocos años de servir de escuela y entretenimiento de mis hermanos mayores, la moto estaba prácticamente irreconocible. Llevaba un par de soldaduras en el chasis. Sólo quedaba de la moto original la tapeta triangular de debajo del sillín, justo donde ponía el mítico número “238”, que le imprimía toda su mística, carácter, exclusividad. Pero el depósito se cambió a uno de fibra rojo de una 350, mucho más ligero y resistente; los guardabarros, partidos, abollados y oxidados, se cambiaron por los blancos de plástico de Sherpas posteriores; el asiento se cambió a un monoplaza, aún no sé porqué, pues esa moto llevó pasajero casi todos los días que rodó hasta el día de su jubilación.

No sé exactamente la edad que yo tenía la primera vez que la conduje, 10, 11 ó 12,
pero recuerdo ese día perfectamente. Mi padre se marchó con mis hermanos a Barcelona el domingo a mediodía, y me quedé yo con mi madre cerrando la casa. En esto que me doy cuenta que la Sherpa se había quedado abajo, en el garaje de mi abuelo, y había que subirla a mi casa, y eso es algo que ni con la fuerza que tengo hoy lo podría hacer, pues la cuesta es realmente empinada. Por no molestar a mi madre, y sobre todo, por escaquearme de recoger y fregar, me quedé deliberadamente intentando figurar cómo podría subir yo esa moto tan grande.

Al rato me quedó claro que la única manera sería subirla en marcha, así que la empujé fuera del garaje, apoyé el manillar en el muro de piedra y empecé a intentar arrancarla a patadas. Ponía el pedal en el punto de empuje, me colgaba totalmente en él, con un pie en el pedal y el otro en el aire al lado, y con un golpe de riñón y tirando de brazos, intentaba accionar ese mecanismo infernal. En el primer intento el retorno fue tan violento e inesperado, acostumbrado como estaba yo a las C25 y Chispa, que me lanzó al aire y me descabalgó. Me impresionó bastante, y pensé que eso sería empresa imposible para alguien tan liviano e inexperto como yo. Pero la perspectiva de volver a casa, y fregar y barrer, hizo que viese claro que no tenía nada mejor que hacer que intentarlo varias veces más.

Muchos intentos después, en una de estas, va la moto y arranca. ¡Caramba!, lo más difícil ya estaba hecho, lo siguiente era lo mismo que ya llevaba haciendo años, pero más alto y con mucha más potencia entre las piernas. No lo dudé ni un segundo. Piernas a cada lado de la moto, embrague, primera, golpe de cadera para separarme del muro y a la vez soltar embrague y arrancar. ¡Ya estaba en marcha!. Con cuidado la subí hasta casa, pero al llegar pensé “ya está, ahora a fregar...”, ¡y un cuerno!. Media vuelta, y de nuevo al jardín de mi abuelo, a intentar hacer las zonas que había hecho mil veces con las pequeñas. Y allí estuve, obviamente no hice ninguna zona, pero las merodeaba, y estiraba segunda y tercera, y hasta hice un par de saltos de altura, hasta que me di de bruces con mi madre, que me miraba con una cara mezcla de cabreo y sorpresa: había escuchado el motor de la moto grande, pero allí no quedaba nadie que, en teoría, la pudiese llevar. Se pensó que alguien del pueblo la estaba robando y, de paso, se marcaba unas zonas en el jardín, una especie de ladrón con mucho morro.

Ya sí, ya la tuve que subir guardar. Esa era una variable que no había pensado: yo no tocaba el suelo con los pies, y en nuestro garaje no había un muro liso y vacío sobre el que intentar aterrizar civilizadamente, así que no se me ocurrió otra cosa que encarar el pequeño prado de césped de delante del garaje, y coordinar un salto-abandono de la moto en marcha. Me quedo bastante bien, ni la moto ni yo sufrimos desperfectos. La levantamos entre mi madre y yo, la empujé al garaje, cerré el grifo de gasolina, desconecté la pipeta y... Ya me había enamorado definitivamente de ese engendro rojo y tronado.

Sí que recuerdo el día que la “matriculamos”. Era agosto de 1984, yo aún tenía 13 años, y la Guardia Civil se estaba empezando a poner dura y pesada, dado los tintes de descontrol total que estaba cogiendo el tema de las motos de montaña en el pueblo. Nadie, absolutamente nadie, la tenía asegurada. Casi nadie la tenía matriculada. Casi nadie tenía carnet de conducir, ¡coño! si ni siquiera teníamos la edad de llevar un ciclomotor “con la autorización especial de padre o tutor” como era preceptivo de aquella época.

También se da el caso de que en el pueblo había (y aún hay) una casa-cuartel de La Benemérita, dado que a 18 kilómetros había un paso fronterizo, custodiado por la Guardia Civil. En el pueblo sólo había un Policía Local, cojo, tuerto, y más viejo que Matusalén. Todo ello hacía que hubiese una fuerte presencia de Guardias Civiles, y que ellos fuesen “la autoridad competente” en materia de orden y seguridad. Y, al vivir en el pueblo, eran conocidos por todos, al frecuentar los mismos bares, colmados y panaderías que todos nosotros.

Así que teníamos que “matricularla”, aunque sólo fuese como disimulo visual flagrante, o sea, “para que no cantase”. Fuimos a la ferretería del pueblo, y escogimos alternativamente, entre mi hermano y yo, 3 letras y 4 números de entre los tránsfers que había para marcar buzones de fincas. Nos quedó la matrícula B-1004-BH. Bonita, discreta, disimulada, factible. Siempre recordaré ese número. Pegamos al guardabarros blanco las 7 pegatinas y ale, ¡a rodar!.

Eso sí, había una máxima: jamás nos podrían pillar los Guardias Civlies, pues se nos caería el pelo a nosotros y a nuestros padres, por irresponsable.

1 comentario:

MiguelXR33 dijo...

"...pensó que alguien del pueblo la estaba robando y, de paso, se marcaba unas zonas en el jardín, una especie de ladrón con mucho morro..."

¡¡¡Buenísima la historia!!!
l3

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