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23 julio 2012

Operación Verano. LAS ANÉCDOTAS DE MIS AMIGOTES DE LAS MOTOS: Pepe T.

Llega el verano profundo... y otro año más vuelvo a estar lejos de mi ordenador (cosas de no tener portátil). Así que repito mi Operación Verano, recordando algunos de mis envíos de estos dos años ¡Disfrutar del calorcito y mucha moto!


A Pepe (el del bar Coe) lo conozco algo más de nueve años, pues nuestras hijas van juntas al colegio. Él no se considera muy motero, pero los ojos le brillan cuando ve u oye una moto de gran cilindrada. Cuando le propuse que me contara alguna anécdota, me dijo que no era muy de escribir, pero me contó esto y yo lo he transcrito. A ver que os parece.                      Miguel.


Mis inicios moteros comenzaron con una Derbi C4, un ciclomotor trail de cuatro marchas. Como podéis imaginar, acabó con todas las “trucadas” de la época: cilindro de 75cc, carburador de 25mm, desarrollo cambiado… no andaba nada mal, no.

Pero claro, aquello fue hace muchos años. Desde que la vendí he probado todo tipo de motos de amigos, que me las dejaban para dar una vuelta más o menos corta. Pero después de mucho calcular, y mucho discutir con la familia, tocaba comprar moto… mi moto por fin.

Como es lógico, lo correcto hubiera sido comprar una moto de unos 600-650cc. Quizá una 750 u 850cc. Pero claro, teniendo en cuenta que esta iba a ser la única (¿última?) compra en muchos años, me tiré a por la que realmente me gustaba… una Kawasaki Z-1000 2010.

Ya os podéis imaginar los comentarios “demasiada moto”, “te vas a matar”, “para qué quieres algo tan grande”, “estás loco”… vamos, las lindezas habituales. Pero por fin estaba en la puerta de la tienda, con mi Z matriculada a mi nombre, el motor en marcha… y mis piernas moviéndose a su ritmo, debido a la emoción y, por qué no reconocerlo, el acojone.

Total, que el de la tienda me da una serie de consejos, de esos que no escuchas demasiado porque, o vas sobrado y ya los conoces, o estás tan acongojado que no te enteras de lo que te dicen. Pero uno de ellos se me quedó grabado a fuego, porque demostré que tenía razón, era “cuidado con los neumáticos, que llevan parafina y hasta que los ruedes resbalan un montón”  Dicho y hecho. Salgo por la acera hacia la calle… y ahí que la moto hizo un bonito “trompo”. Imaginaos la situación, la moto en el suelo, como yo, el vendedor y toda la familia en la puerta de la tienda mirando… menudo estreno!!!

Por ahora no la he vuelto a aparcar más inclinada de la cuenta. Pero ya sabéis… cuidado con los neumáticos nuevos…
Pepe T.

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