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23 septiembre 2011

CON EL "A DE PLATA" EN EL BOLSILLO. 14.-¡¡¡Velocidades siderales!!!

Miré un día la fecha del carnet de conducir, y me di cuenta que hace más de veinticinco años que aprobé el permiso importante, "el de moto", el A (en aquella época, A2). Así que me he propuesto daros un poco la brasa y contaros manías y anécdotas que me han ocurrido durante este tiempo. ¿Hasta cuando?... no lo sé, según me vaya acordando (algo difícil con este cerebro cada día más reblandecido que tengo)... o cuando digáis basta...


14- ¡¡¡Velocidades siderales!!!




Querido Señor Pere Navarro:


Aunque con suerte el año que viene ya no nos acompañará con sus logradas campañas anti-moto, todavía tiene tiempo de enviarme a sus “amiguitos”, esos a los que ningunea diciendo que un radar sustituye a diez de esos señores. Por si se le pasa por la cabeza, tengo que decir en mi defensa que todo los ejemplos que voy a poner son de hace más de diez años, por lo que han prescrito. 


Así que... ¡a joderse!






Vamos a ver... ¿que consideráis vosotros “alta velocidad”? ¿Qué es “más rápido”, ir a 260 kms/h por una autopista, o a 180 por una comarcal? ¿Hacer 140 en ciudad (con salto incluido) o 100 en una pista de tierra de apenas tres metros de ancho? ¿Intentar hacer “tercera a fondo” la curva del Puente del Real hacia Justicia con una ultra-estable Vespa 200 o la Curva dels Peixets entrando a Valencia por el norte a 160 km/h con una K-75?
Sí, yo he hecho todo eso... yo también fui joven y alocado... e imbécil. Pero he de decir que de los ejemplos que he puesto, donde más miedo he pasado ha sido en la pista a 100km/h, con los árboles golpeándome con sus ramas más bajas; y sobre todo con aquella horrible BMW con “dos bisagras en el chasis” que bailaba como una H.P. intentando superar los 140 en una curva que con mi TDM hacía a 190 sin problemas.


Por supuesto, para hacer todo esto hay que saber... y algo que nunca me ha faltado, tener mucha suerte. Pero también he de decir que he aprendido que algunas motos tienen un límite ridículamente bajo... y otras no me las he podido acabar ni en mis mejores momentos. Y una de esas fue la Suzuki Hayabusa (GSX-1300-R) de primera serie. La cosa fue así:



Estoy en casa y de repente me llama mi colega Juanjo (mil gracias, amigo) “Hey, he dejado la GSX-R en taller y me han dejado una Hayabusa para que no me vuelva andando. ¿Te apetece probarla?
Como podéis imaginar, no dije que no...
Quedamos en un punto y de ahí nos fuimos hacia una autovía “de las abiertas”. Efectivamente la moto era un cohete, le dabas un toque al gas y sus 1.298cc te lanzaban hacia delante como si llevaras una especie de goma elástica delante tuyo... más, más, más rápido... Verle más de 250km/h era para ella un juego de niños, sin movimientos indeseables ni nada que te asustara. Lo único que no me gustó fue que su aerodinámica me abría las piernas. De algo me tenía que quejar...
Ese buen comportamiento también lo lograbas en carretera convencional, donde podías jugar con ella sin problemas... tanto que Juanjo me pidió que me cortara: según él ¡¡¡iba dejando neumático negro a la salida de las curvas!!!



Pero había algo que me extrañaba: no me “acojonaba” su aceleración. Sí, aceleraba mucho y bien, pero no me descolocaba, no me obligaba a cortar al no poder asimilarlo... algo que una ZZR 1100 de 1990 ...o una Maico 500'81 de motocross... sí habían hecho. Hasta que al salir de una rotonda, no reduje una marcha y al acelerar el motor se quejó... ¿a que revoluciones iba? Aceleré hasta la siguiente “redonda” y me di cuenta que estaba cambiando sobre las 6.000 rpm, y la zona roja comenzaba sobre las 11.000.
Así que había llegado el momento de coger el toro por los cuernos y “abrirle con un par”. Hice una última rotonda y abrí el gas con un ojo en la carretera y el otro en el cuenta rpm. La moto pasó de 6.500... y de repente aquello empezó a acelerar como una auténtica hija de puta. Subió de vueltas en un pis-pas, mientras la aguja del tacómetro se volvía loca marcando unas cifras alucinantes. Al ver que llegaba a zona roja metí otra marcha …cuarta... y en vez de calmarse ¡¡aquello aceleraba mucho más!! Y todo con seguridad, sin notar ligera la dirección ni cruzarse detrás, sin serpenteos o tonterías. Simplemente subía la velocidad, como se supone que debería hacer. Perfecto.



Luego, en casa, intentando asimilar lo ocurrido, busqué la prueba de la moto entre mi colección de revistas, y al ver la curva de potencia no pude más que sonreír. A sólo 4.000 rpm ya tenía los mismos 80cv de mi TDM. Pasaba de los 100cv a 5.000 rpm a 120cv a apenas 6.000... no es de extrañar entonces que para mi fuera suficiente... lo es para la gran mayoría. Pero ahora viene lo mejor: no llega a 6.900 rpm y ya está en 140cv, 160 1000 rpm más arriba... y unos impresionantes (para la época... y hoy también) 176cv a 9.200, con otros 160cv en el corte de encendido a 11.000 rpm. Vamos, que tienes más de 150cv durante más de 3.800 rpm... un tercio del rango de revoluciones. Y todo con el par motor que te ofrecen sus 1300cc.



Total, que una moto impresionante, no porque su motor lo sea, que lo es, sino porque el resto de la moto acompaña... como buena moto de principio del siglo XXI. Porque si hablamos de algunas que se están vendiendo ahora... mejor miro al pasado...



Por cierto, no he puesto qué velocidad máxima alcancé... ¿cual quieres saber, en carretera convencional o en autovía...? je, je, je...


15- Si tienes equipamiento... ¡te lo pones! (Uno: la ropa)




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