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15 julio 2011

Operación verano: Endurance (resistencia) 4 de 4.

Operación Verano.
Lo siento chicos y chicas, pero uno de los problemas graves de no tener un portátil es no poder escribir para vosotros. Además, que entenderéis que algunos estamos de "vacaciones"... esto es, los niños lo están, y los padres tenemos que cuidarlos. Así que difícil lo tengo para escribir.
Pero bueno, aprovechando que cuando iniciamos Voromv nos leía poca gente... ¿porqué no  "desempolvar" mis primeros envíos? Así que permitirme la osadía y haré como en las cadenas de televisión: reposiciones para verano.
Nos leemos de nuevo (y con nuevo) en septiembre.
(Novela)  ENDURANCE (Resistencia) 

4 de 4. La soledad del piloto de resistencia.

  Mi trenecito se ha desecho. Uno ha entrado en box, otro se ha colado en la salida de la curva tres y ha decidido tomárselo con calma, y el tercero no es capaz de mantener el ritmo, por lo que lo he rebasado enganchándome casi dos vueltas a un piloto-cohete que nos ha pasado como si fuéramos de turismo. Ahora que ruedo solo me doy cuenta de lo cansado y dolorido que estoy. La espalda empieza a molestarme, las muñecas comienzan a no soportar tanta carga, necesito estirar las piernas. Y todavía me queda un buen rato. Necesito alguien que tire de mí... o algo en que pensar.

  Me preguntaba antes qué hago aquí... quizá es un buen momento para plantearse la contestación. He recorrido en moto casi toda Europa y el norte de África. He rodado rápido en todos los puertos de montaña a trescientos kilómetros de mi casa. He competido, a nivel de aficionado, en cross, enduro, rallies y velocidad. En esta prueba llegué a participar, y terminar, dos veces. Y hace cuatro años, acercándome a los cuarenta decidí dejar la competición. Me sentía colmado y me felicitaba a mí mismo de no haber tenido ningún accidente grave.
  Cuando me intentaron convencer mis amigos de salir hoy, la verdad es que estoy dándome cuenta que tenían claro que no se esforzarían mucho. Cinco días para preparar licencia, ajustar el mono, comprar unas botas nuevas y un casco homologado, discutir mucho en casa. Sin pensar, sin planteármelo. Otra vez piloto.

  Atención, pasa algo. Banderas amarillas. Veo unas luces parpadeantes ¿es el coche de seguridad? Y de repente lo veo. Dos, tres, ¿cuatro? motos desperdigadas por la pista.  Paso despacio siguiendo al grupo que llevo delante y veo pilotos por el suelo, alguien corriendo con una camilla. Luces naranjas se reflejan en piezas brillantes... una ambulancia se está acercando a la zona.

No sé cuantas vueltas hemos dado detrás del Safety. Pasar, ver como atienden a los pilotos, oscuridad. Pasar, ver como retiran motos destruidas, oscuridad. Pasar, ver como limpian la pista, oscuridad. Y mucho pensar.
Para mí, la situación la tengo clara. Del miedo he pasado al disfrute. He dejado de sentirme una molestia y estoy volviendo a disfrutar de la conducción, de la velocidad, del pique sano.
 Estoy bien metido en los cuarenta, pero sigo estando vivo.

  Pista libre. Antes me habían marcado que un par de vueltas y a box. Me siento bien y sé que tengo gasolina para otra más. Tres giros y enfilo la entrada a boxes. Sé que tengo todavía unos cuantos relevos más por delante. Sé que los voy a disfrutar. Y sé, por fin,  que esta no es mi última carrera.
  
 Hasta que el cuerpo aguante. A disfrutar. 
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(El día 19, otra novela: "La apuesta, la Impala y la historia oculta") 

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