Ponte en situación: nací en 1967, por lo que cuando compré mi primera revista de motos en 1981 yo tenía catorce años. Cuando compré mi primera moto “de verdad”, una Suzuki GS 500 E (después de un Vespino y una Vespa), ya tenía veintidós. Y durante esos años hubieron una serie de motos que por un motivo u otro marcaron mis sueños de adolescente, unos realizables, otros totalmente inalcanzables. Y esta es una de ellas:
YAMAHA RD 500 lc
(Imposible)
En una época en la que las grandes 4T ya eran las reinas indiscutibles del mercado, hubo un último intento de lanzar réplicas de las poderosas 500 dos tiempos de Gran Premio. Unas motos que prometían ser fieles a aquellas, con potencias similares a las 750cc pero con un peso 30 o 40 kg menor...
Y la Yamaha fue la más extraña al apartarse de sus magníficas V4 con carburadores delanteros y admisión por láminas para vender un motor casi en cuadro con carburadores laterales, un chasis que no se parecía en nada a los incipientes "Deltabox" (copia del Kobas) y un equipamiento en luces, relojes, piñas o retrovisores sacados directamente del almacén, lo que le restaba exclusividad.
Eso sí, yo me imaginé muchas curvas a su mando, endulzando el ambiente con el olor del aceite saliendo por sus cuatro silenciosos...
Otros sueños:
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