15 septiembre 2010

La apuesta, la Impala y la historia oculta. 3 de 6- Se hace de día

(Novela) LA APUESTALA IMPALA Y LA HISTORIA OCULTA

3 de 6- Se hace de día.

  Acabo de despertarme en un viejo bar de carretera. Harto de lluvia y oscuridad, he visto sus luces encendidas y he parado. “la cafetera todavía no está caliente” me dice el dueño. Total, que me he sentado en un rincón a esperar que la máquina estuviera a punto y el calorcito del lugar me ha dejado frito. No sé cuanto rato habré cabeceado, pero ahora hay tres clientes con cara de sueño, olor a café y en las ventanas ¡un cielo despejado acompaña al alba!

  Mucho más animado me pongo en marcha. Un copioso desayuno (dos tazas hasta arriba y cuatro tostadas con mermelada), una larga visita al baño, repostar (que poco chupa la jodida Montesa, apenas toca el 5 a los 100) y a la carretera. Tal como me comentaba un camionero en la gasolinera, la tormenta la he dejado atrás y ahora todo va a ser asfalto seco.

  No sé que pasa, pero el desayuno, el sol, el calorcito que poco a poco va aumentando y, por que no decirlo, el comportamiento de la Impala me están haciendo zamparme los puertos de montaña que me obliga a recorrer el gps sin apenas darme cuenta. Bueno, algo sí noto ¡me lo estoy pasando de miedo!. Los kilómetros caen sin descanso y yo apenas noto algo de incomodidad en el culete.

  Es hora ya de almorzar, pero necesito tirar un poco más, me hace ilusión hacerlo en un barecito de carretera secundaria al que de vez en cuando, cuando podemos salir todo el domingo sin que las mujeres nos atosiguen, vamos a comer la peña. Es el típico bar que todavía sobrevive en fin de semana, manteniendo y aumentando por el boca a boca una clientela fiel.

  Cuando llego no me sorprende ver un montón de motos en la puerta. Siempre nos han recibido muy bien, incluso la propietaria en el rincón del fondo colgó una pizarra de corcho para que pusiéramos fotos de nuestras excursiones. La cocina solo se puede catalogar de sobresaliente: todo exquisito y a precio de bar. Perfecto. Y también hay que reconocer que otro de los motivos son las dos hijas de la dueña: una de ellas es bajita pero curvilínea, como una Salma Hayek  con pecas y pelo castaño. La otra no es mucho más alta, pero su cuerpo fibroso lo hace parecer…. Joder, cuantas discusiones hemos tenido los colegas de con cual nos quedamos. Bueno, realmente tenemos claro que no hay futuro aquí: se nota que son hermanas en que las dos son exactamente igual de impermeables a halagos, palabrotas y cualquier tipo de sandez que vertemos sobre ellas.    Será que no les gustan los motoristas… Ni siquiera mi Impala, la cual causa sensación allí donde para, les llama lo más mínimo atención. Ellas se lo pierden...





3 comentarios:

voro dijo...

JAJAJA. Una Impala con GPS es un auténtico contraste.....

Ese bar.... me recuerda a esos bares de carretera nacional que han sido condenados a morir, por culpa de las autovías. Cuando he hecho viajes solo, me han despertado sentimientos bohemios, siempre.

(enviado el 15 de septiembre de 2010 a las 21:11h)

Lionheart dijo...

Muchacho, me haces recordar olores y sabores, hasta sonidos. dale duro y no dejes ese continuará que me pone de los nervios. Sigue cabrón, estoy oliendo a gasolina, mientras le digo a los críos, silencio y a dormir. Very good!!! Lionheart.

(enviado el 6 de octubre de 2010 a las 21:56h)

Lionheart dijo...

Por cierto, ahora que no nos oye nadie, que gran verdad eso de las tías detrás de las barras en los bares de carretera, puro morbazo. Lionheart.

(enviado el 6 de octubre de 2010 a las 21:58h)

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