23 agosto 2012

OPERACIÓN VERANO. (Novela) Ella, "la del T-Max" -parte dos de dos-

Llega el verano profundo... y otro año más vuelvo a estar lejos de mi ordenador (cosas de no tener portátil). Así que repito mi Operación Verano, recordando algunos de mis envíos de estos dos años ¡Disfrutar del calorcito y mucha moto!


ELLA, "LA DEL T-MAX" (Parte dos de dos)


Apenas dormí un par de horas después de cerrar el bar, pero de buena mañana ya estaba "con la 350" preparado para la ruta por la comarca después del desayuno. Con un café con leche en una mano y una porra en la otra, hablaba con dos conocidos del día anterior, y otros tantos del pueblo: -"Parece que anoche hubo redada en Los Patos. Han detenido a El Fino, ya iba siendo puta la hora" decía un vecino mío de casi cuarenta. -"Pues al pasar por delante del Cuartelillo estaba el T-Max de la morena maciza... una pena" comentaba uno de los acampados. Pero apenas estaba terminando la frase, se puso pálido y todos miraron por detrás de mi espalda. Antes de girarme ya sabía qué pasaba... ese perfume que ayer activó todos mis nervios, hoy los hacía arder. Me giré y allí estaba Ella, la del T-Max, a apenas unos centímetros de mi nariz. Por encima de su perfume noté el olor a café, mucho café, y sus ojos se veían cansados. -"¿Te importaría llevarme al Cuartel de la Guardia Civil? Tengo allí la moto. Además, quiero enseñarte algo". Yo no sabía cómo interpretarlo... pero había algo en su mirada, en su pose, que me decía que la que tenía delante no era la Diosa, sino la chica tranquila y amable que me pareció entrever en nuestra charla de barra.

Así fue como atravesé la plaza del pueblo, atestada de moteros de todo tipo. Incluso vi "al de la Custom" y a su colega "el de la Naked", también con cara de cansados, como nos sonreían pícaros. Como podéis imaginar todos, TODOS, nos miraban asombrados. Con mi pinta, con mi destartalada "350", llevando abrazada a mi espalda a Ella, la del T-Max. Al llegar al Cuartel de los civiles, la sorpresa fue mayúscula: se identificó con un carnet verde oliva ante el Guardia de la entrada y, dedicándome una mirada rápida y una breve sonrisa, se metió en las dependencias. Confundido, esperé un rato... y al ver que la ruta turística había arrancado, me uní a ellos. A la vuelta, no estaban ni la Custom, ni la Naked, ni la Turismo ni, por supuesto, el T-Max.
La semana la verdad es que pasó más tranquila de lo que pensé. Comentarios sobre la redada, por supuesto, hubieron muchos. Incluso los civiles comentaban algunas cosas: que los uniformados debían dejar “libre” la zona para que los “de paisano” pudieran actuar, que al final habían nueve detenidos, que si habían encontrado en el bajo de “El Peludo” un montón de bolsas de cocaína y material para cortarla y embolsarla, que si...
Pero de Ella, la del T-Max, nadie sabía nada. Nada.


Habían pasado doce días, era un viernes a principio de mañana cuando en la puerta del bar, apenas con un par de clientes jugando a las cartas, paró una motocicleta. Era una ya entrada en años Honda CB 500, pero no era la moto lo que llamó mi atención, sino la mujer que la conducía: Chaqueta y pantalón de cordura negro y azul, guantes y botas negras, casco blanco con líneas tribales de color gris, y un pelo oscuro que sobresalía de él. Mi corazón se aceleró en un milisegundo porque descubrió antes que mi mente consciente quien era. Al entrar, me miró con esos ojos como tinta, que me provocaron mareo, me sonrió con esa boca sensual, más bella todavía sin tanto maquillaje.
-”Me dijiste que el viernes por la tarde librabas ¿no? Espero que no tengas nada importante que hacer y podamos pasear un rato” Yo me temo que tenía la boquiabierta cara de tonto que os imagináis. -”Ya lo puedes ver, nada de T-Max, una Honda 500 de segunda mano. Compré también un coche y el sueldo no es como para gastar en caprichos... pero mi CB me lleva y me trae, me hace disfrutar de las curvas... no necesito nada más. Como tú”

Estuvimos hablando mientras comíamos en la misma mesa (mi jefe no nos deja... pero por una vez no dijo nada). La conversación fue de motos, sobre todo. Con su mirada me dejaba claro que “habían demasiadas orejas” para hablar de nada más. -”¿No conocerás algún sitio donde podamos estar tranquilos, algún sitio que tu moto sí permita llegar?” Lo pensé un momento y, aunque me arrepentí al ser un sitio “muy de parejas” dije: -"Iremos a El Mirador, está muy escarpado y seguro que allí no sube nadie con un coche". Y para allí que fuimos.
Efectivamente, la subida era dura, con bastante piedra suelta, algo de barro en algunos puntos de sombra y con varios surcos producidos por la lluvia. Encima el llevar pasajero ...ESE pasajero... me hacía conducir con prudencia extrema. De repente la oí reír -"¿No será ese tu mirador solitario, verdad?" Efectivamente, lo más raro del mundo estaba pasando: a lo lejos se veía El Mirador y junto a él... una monovolumen "de las grandes" ¿Cómo leches había llegado allí? ¿En helicóptero?. No sabía donde meterme. Ella acarició suavemente mi hombro (haciendo arder la zona) y me dijo con voz pícara -"Tranquilo, sólo vamos a hablar... tendremos suficiente intimidad"

-"Mi nombre es Ella (¿en serio pensábais que se me iba a escapar?) y soy Guardia Civil. Mis otros tres acompañantes también. Iban detrás de El Fino y otros más que distribuyen coca por toda la provincia. Yo no estoy en Antidroga, pero les hacía falta una "chica guapa" que supiera montar en moto... y todos saben que para mí las motos son mi pasión. Lo de "guapa"... bueno, ropa ceñida con relleno, mucho maquillaje y una cara rígida para intentar ocultar mi miedo. La verdad es que no estoy acostumbrada a estas cosas, estoy destinada en un tranquilo pueblecito a 80 kms de aquí y mi ilusión es ser Motorista de Tráfico. Ayer intenté sonsacarte información, pero enseguida vi que tú no eras de esos... que tienes algo más en tu interior. Así que (¡lo decía roja como un tomate!) necesitaba pedirte disculpas".
  La charla fue larga, todo lo larga que nos dio el sol. -”Tengo que volver pronto. Esta noche tengo servicio nocturno y a las diez tengo que estar en el Cuartel” Hablamos de nosotros, de nuestro pasado, de nuestras ilusiones: un largo viaje por Irlanda, el Norte de África, los bosques Centroeuropeos, quizá algún día la Ruta 66... pero siempre, siempre en moto. Y siempre lo soñamos hacer acompañados.
Por cierto, a la vuelta Ella no paraba de reír: en el “imposible” camino que busqué para encontrar intimidad nos encontramos de vuelta una furgoneta, cuatro bicis y varios paseantes... una ancianita y una mamá con el bebé en brazos incluidas. Si es que...



Llevamos cuatro meses juntos. Quizá consideréis que son pocos... pero para nosotros son un mundo. A veces nos escribimos por las redes sociales o por SMS, cuando no hablamos horas y horas por teléfono. Unas veces voy yo a su casa, otras viene ella a mi pueblo. Muchas veces nos reunimos a mitad de camino, y nos perdemos por la montaña con mi vieja “350”, que parece rendir con más alegría que nunca. Pero si hay algo que tenemos desde el primer día... eso es ilusión. Sí, muchas veces nuestro trabajo, nuestras obligaciones, nos tienen separados. Pero siempre hay ganas de superarse, siempre hay un esfuerzo infinito. Quizá algún día tengamos una moto nueva... o dos... y podamos hacer todos esos viajes que soñamos. A lo mejor será con nuestras veteranas monturas. Pero será juntos. La del T-Max y el de la 350.
Para envidia del mundo.

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